Barranquilla 2132 e-libros

fantasía, libros digitales

J. Gu se dirigió de nuevo a su avioneta. Había en ella un aparato semejante a las antiguas máquinas de escribir. Sincronizó la honda que correspondía a la imprenta de su periódico y empezó a redactar la información. Las teclas, al ser oprimidas, iban moviendo otras teclas correspondientes en los modernos radio-tipos, por un procedimiento que tenía puntos de contacto con el sistema de telegrafía Hughes, que constituyó una novedad a principios del siglo XX. En los talleres del diario se ejercía en aquel momento una complicada actividad mecánica.

En el instante en que el repórter sincronizaba su onda, un timbre colocado cerca a los radio-tipos anunciaba que las máquinas comenzaban a trabajar. Se establecían automáticamente contactos eléctricos y los lingotes iban saliendo con rapidez, se situaban en alineadores que al estar llenos se movilizaban hacia las mesas de armada, donde el único obrero que atendía los talleres cooperaba en la confección de las páginas. Cuando estas estaban terminadas, la simple opresión de un botón eléctrico las conducía por medio de carriles, la rotativa y su contacto con la máquina cerraba el circuito de los motores, que echaban a andar. Al propio tiempo una sirena, también automática, anunciaba al público la aparición de la nueva edición, que era vendida por medio de tubos neumáticos que partían de las oficinas y terminaban en diferentes sectores de la ciudad. Había sido abandonado todo el sistema primitivo de los antiguos periódicos que requerían gran cantidad de colaboradores, que sólo podían publicar sus informaciones dos o tres horas después de ocurrido el suceso.

El repórter obtuvo además numerosas fotografías. El enfoque del objetivo, también por medio de ondas magnéticas, vagamente similares a los anticuados sistemas de televisión, impresionaba las planchas de zinc situadas en los aparatos de fotograbado, donde también se desarrollaba una complicada labor mecánica, que hacía superflua la intervención humana. Las planchas de zinc, movidas por las maquinarias del taller, puestas en actividad en el momento mismo en que la onda magnética que efectuaba contactos y cerraba los circuitos necesarios conducía la imagen desde la cámara oscura hasta el taller, recorría en dos o tres minutos los depósitos de substancias que fijaban el grabado y descendían luego a situarse en el punto preciso de las páginas del periódico. El mismo sistema era utilizado por los corresponsales de todas las ciudades y, así, desde París, desde Tokio, desde Moscou, operaban los periodistas, por medio de sus máquinas perfeccionadas, centralizando la actividad en los talleres de sus respectivas publicaciones. Cada vez que un suceso sensacional justificaba la nueva edición, esta aparecía, no era raro que los mismos periódicos de Barranquilla, más modestos que las vastas publicaciones de otros países, hubieran lanzado hasta veinticuatro ediciones en un solo día.

Barranquilla 2132 en co-edición con e-libros

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